La importancia de cambiar hábitos alimenticios

Adoptar hábitos de vida saludables y realizar un cambio en nuestra alimentación resulta muy importante para notar beneficios a la hora de realizar cualquier actividad diaria.

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Resulta muy importante saber qué y cómo debemos cambiar nuestra alimentación para notar beneficios, siempre orientados por un profesional.

En primer lugar, más que hacer referencia a cambiar nuestros hábitos alimenticios, podemos hablar de mentalizarnos en reeducar nuestro paladar. La verdadera importancia de unos buenos hábitos alimenticios y de acondicionamiento físico no es el tener una buena o una determinada apariencia, sino estar saludable y tener una mejor calidad de vida. A medida que envejecemos, el metabolismo baja y debemos cuidarnos mucho más, por lo que empezar cuanto antes a modificar nuestros hábitos nos proporcionará una mayor calidad de vida. Todas las personas, en especial cuando entramos en una determinada edad, pueden beneficiarse mucho de un cambio.

Estas son algunas de las principales razones de peso por las que ganar músculo y perder grasa resulta beneficioso para personas mayores (más de 60 años):

• Reducción en el riesgo de osteoporosis (en mujeres).

• Reducción en el riesgo de problemas cardiovasculares.

• Aumento de la capacidad para realizar las tareas cotidianas.

• Mejora de la salud mental.

• Protección contra caídas.

• Mayor estabilidad de las articulaciones.

• Mejora general de la calidad de vida.

• Mejora la utilización de glucosa.

En fin, mejoras en la calidad de vida.

Hace unos años, la Fundación Dieta Mediterránea organizó en las escuelas unos cursos de cocina donde participaban los niños de entre 8 y 11 años. Les hacían cocinar algunas recetas y, además, les preguntaban qué comían en casa. Con los resultados se hizo un estudio y se vio que uno de cada cuatro niños de entre 8 y 11 años no había probado nunca un tomate, exactamente el 23%. Los que no habían probado las espinacas ni sabían lo que eran llegaban a un 32%, y así se expresaban con respecto a otros alimentos: las olivas negras (22%), las zanahorias (16%), las cebollas (16%) o las naranjas (15%).

Sorprendentes resultados, ¿no?

¿Alguien se ha parado a pensar qué comían los nacidos entre los años 50 y 60? Pues sí, de todo: verduras y frutas, todo tipo de carnes y pescados, e incluso ‘menudillos’ o vísceras (hígado, riñones, sesos…).

Lo que ha pasado es que se ha dejado de cocinar y de comprar productos frescos. Ya no se educa el paladar de los niños para que lo prueben todo como se hacía antes, y se tiende a lo fácil: no se pierde tiempo en dar a probar todos los alimentos. Estamos consiguiendo anular el desarrollo gustativo de los niños y, con eso, limitando su paladar. Por eso, cabe hacer incidencia en ese primer punto de este artículo: debemos mentalizarnos en reeducar el paladar.

Autora: Paula Palop, dietista, nutricionista y preparadora física Apta Vital Sport.

 

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