Erkuden Almagro, pasión por el ciclismo

Enamorada de la bici desde que era una niña, Erkuden Almagro disfrutó del ciclismo de competición y ahora, como coordinadora de las quedadas Women In Bike, continúa impulsando el ciclismo femenino.

Erkuden-Almagro

Me crie en un pequeño pueblo de la cuenca de Pamplona, a unos 15 kilómetros de la capital. Como a muchas de nosotras, fue mi padre quien me enseñó a montar en bici, a eso de los 7 u 8 años. Te agarraba del sillín y en cuanto te descuidabas, te soltaba. No me costó mucho. Recuerdo que practicaba sola en la gravilla de la calle. Me gustaba el sonido que emitía la rueda en ese terreno. Se estaba forjando una biker.

Vengo de una familia humilde de 5 hermanos y las mayores nos encargábamos de los pequeños. Mis hermanas y yo cuidábamos de los chicos. Por suerte, todos teníamos una bici en casa, la típica BH plegable de color verde o azul. Recuerdo llevar a mis hermanos pequeños en la parrilla. Mis primeras caídas fueron en las calles sin asfaltar del pueblo, dejándome marcadas las rodillas de por vida. Síntoma de una infancia feliz, diría yo.

No sé por qué, pero mi madre empezó a organizar una carrera popular en las fiestas del pueblo. Venían cicloturistas, hombres con bicis de competición con acoples... Cabras, les llamaban.  La carrera era por la tarde en formato contrarreloj. Tenía mucho éxito y toda la gente del pueblo se volcaba en colaborar. Tras la carrera, se juntaban en la sociedad del pueblo a ver La Vuelta a España. Por la mañana corríamos los más pequeños. Eran unos 800 metros de subida. Salíamos todos juntos y el que antes llegaba a meta, ganaba.

En chicas casi siempre ganábamos mi hermana o yo. Fueron mis primeros trofeos. Ya por aquel entonces sabía lo que era la estrategia de carrera. ¡Subía haciendo eses para que no pudieran adelantarme!

Con 12 años mi madre nos llevó a un club ciclista, el C.C. Ermitagaña. Ya había alguna chica, así que enseguida se creó grupo para ir a las carreras. Empecé en la categoría infantil, corriendo con chicos. Lo pasaba mal porque me quedaba enseguida, pero me gustaba rodar rápido por los circuitos. Al año siguiente ya pasé a categoría cadete. Eran palabras mayores y había que entrenar mucho más. Fue cuando corrí mi primer campeonato de España en Santoña, en 1991. Era el año víspera de los Juegos Olímpicos, y mis compañeras de equipo, mayores que yo, soñaban con acudir algún año.

A partir de ahí mi vida se transformó. Solo quería ser ciclista profesional. Vivía para la bici. Me hice ciclista. Acudía con frecuencia con la Selección Navarra a correr campeonatos; el equipo nos llevaba a correr a Francia… Todas las decisiones que tomaba en mi vida eran para poder entrenar e ir a las carreras, desde el instituto, las amigas, mis parejas...Todos tenían que saber que la bici era lo principal. En una ocasión un novio me dio a elegir: la bici o él, y… bueno, ya sabéis mi elección.

Me fui haciendo mayor. Tenía mi médico, entrenador, un masajista, un mecánico, todo pagado por mí, claro. Trabajaba en la fábrica del pueblo para costearme los gastos de todo eso. Cada vez que salía de casa para ir a correr una carrera era como vivir una aventura. Ni que decir tiene que me lo pasaba muy bien; me gustaba conocer a otras chicas que hicieran lo mismo que yo. Trabajaba mucho para las líderes. Entrenaba todo lo que me mandaban y un poco más. Era muy sacrificado, pero lo hacía con gusto.

A esa edad era muy ingenua, y creía que entrenando mucho andaría mucho. Veía marcharse a grandes ciclistas a correr a Italia, y pensaba que a mí me llegaría también la ocasión. En una Copa de España logré hacer 3ª. En Zamora, Tardemezar de Vidriales. Eso me hizo sumar puntos y terminé entre las 10 primeras de la Copa, por lo que a finales de temporada el seleccionador me llamó para ir a una concentración en Valencia.

Creo que fue ahí donde bajé de las nubes. En las charlas se hablaba de ir a copas del mundo, de correr el mundial y yo ya empezaba a temblar. Y luego llegaron los entrenamientos y aquello ya fue lo más. ¡Pero si me quedaba entrenando! ¡Cómo iba a correr todo ese calendario! Pero por más que entrenaba, por muy bien que me lo pasaba en las carreras, me di cuenta que ese era mi lugar. No había una Erkuden mucho más fuerte, no había una promesa ahí adentro.

Pude participar en las vueltas de la época: Vuelta a Navarra, Vuelta a Mallorca, La Emakumeen Bira, incluso corrimos con el equipo dos Copas del Mundo en Valladolid y Villarcayo. Pero aquello eran palabras mayores. Estaban las mejores ciclistas del mundo y yo me veía muy pequeña junto a ellas.

Durante aquellos años llegó la bici de monte a España. La usábamos para entrenar en invierno y empecé a participar en pruebas. Al ser de las pocas mujeres que hacíamos BTT, casi siempre hacía buenos puestos a nivel regional. Corrí varios campeonatos de España, pero sin destacar.

Yo era de las que entrenaba incluso de noche. Si me iba lejos, solía volver a casa por los caminos para acortar y que no me pillaran los coches al oscurecer.  Recordaba aquella sensación de rodar por la gravilla de cuando era niña, y me gustaba. El sonido de las ruedas ‘crispeando’ en el suelo.

Como vieron que eso me gustaba, me consiguieron una bici de ciclocrós y me preparé para correr mi primer campeonato de España. Fue en Sotondrio (Asturias) en el 2000. Hice 4ª tras ir toda la carrera disputando los primeros puestos. Era hábil en el barro y eso me hacía diferenciarme. Así que empecé a centrar mis temporadas en el invierno, para poder disputar los Campeonatos. Y una vez más, dejaba volar mi imaginación para poder correr un campeonato del mundo.

Se fueron pasando los inviernos y casi siempre estaba entre las primeras, pero no como para ir al Mundial, con lo que mi ilusión iba menguando. Acudía a verlos. Los vivía como una belga más. Mi ciclista favorita era Hanka Kuppernagel. En una ocasión viajé a ver unos Campeonatos del Mundo de categoría Máster. Fueron en Mol, Bélgica. Y me dije a mi misma que cuando cumpliera los 40 años, los correría.

En la carretera las cosas se ponían difíciles. Cada vez costaba más aguantar en el pelotón y terminar las carreras. Era más mayor, y la gente joven venía rodando con fuerza. Eso, unido a la falta de permanencia de los sponsors en los equipos, hacía difícil mantenerse. Así que tras muchas vueltas buscando un equipo donde encajar, decidí dejar la competición de carretera. Ya no me proporcionaba la diversión de antes. Me aburría en las carreras, sufría mucho y cada vez me costaba más entrenar. Con lo que me dediqué a la montaña y el ciclocrós, que era lo que me gustaba. Cada invierno volvía con ilusión.

Me animé a correr duatlones y triatlones para mantenerme en forma durante el año. Casi ni descansaba. En julio empezaba a entrenar duro y en enero llegaba al pico de forma. Al poco de casarme, mi marido enfermó de cáncer. Aquello fue un palo para los dos. Pero gracias a la bici pudimos sobrellevarlo. El año que hacía los 40, el año que había planeado ir a correr mi primer mundial de Ciclocrós en Máster, se iba a tener que posponer para estar con él.

Pero no fue así. Él sabía lo importante que era para mí esa prueba y que había jurado que iría al cumplir la edad reglamentaria, así que me pidió por favor que fuera a cumplir mi sueño y no me quedara en el hospital, que nada podía hacerle más feliz que verme allí. Viajé con mi equipo y volví a recordar el Campeonato que había visitado hacía 20 años. Curiosamente, la sede era la misma. Casi hasta el recorrido se parecía.

A mi marido le retransmitieron la carrera en directo y pudo seguirme en cada pedalada. No fue una buena actuación, pero había cumplido un sueño. Mientras tanto, sentía la necesidad de poder compartir kilómetros y diversión con otras chicas. Pero apenas conocía a ninguna, y se veían pocas por la carretera. Era poco habitual. Así que me decidí a juntar a mis conocidas y decirles que si alguna quería empezar a montar en bici, yo le enseñaría.

Fueron pasando los meses y cada vez se unían más mujeres a esa iniciativa. Estaban las que querían empezar con la bici de monte, las que querían con la bici de carretera… Crecimos tanto que no tuvimos más remedio que organizarnos como club: el club Deportivo Bizikume. ¡Hoy somos 230 socias!

La demanda que había era brutal. Habíamos conseguido hacer que las mujeres también salieran a montar en bici. Empezaban a verse ‘grupettas’ de solo chicas, cada una a nuestro ritmo, sin presiones, y sobre todo divirtiéndonos. Habíamos creado nuestro momento. El momento de salir de casa, de dejar hijos, parejas, obligaciones, comidas… solo para nosotras. Y eso gustaba.

Teníamos tanta necesidad de algo así… Y tuvimos mucha demanda de chicas de fuera de la ciudad de Pamplona. Nos llamaban chicas de otras ciudades, de otras provincias. Claro, yo no sabía cómo gestionar todo eso. Se me estaba yendo de las manos, era demasiado para mí sola.

Escribí un libro, “La guía definitiva para la mujer ciclista”, monté una web y empecé a dar cursos porque me los pedían ellas. En eso, la RFEC se pone en contacto conmigo porque ha visto mi página web y la labor de promoción del ciclismo femenino que venía desarrollando y me propone coordinar el proyecto de líderes y quedadas women in bike a nivel nacional; un proyecto al que todas las chicas pueden unirse y crear quedadas para animar a más mujeres a salir a montar en bici. Así se resolvió la duda de cómo podía gestionar esta marea que estábamos montando.

A día de hoy somos casi 100 líderes del programa y seguimos haciendo quedadas, ayudando a otras muchas mujeres a ver el ciclismo desde un lado más lúdico y disfrutando como enanas en cada salida.

Tengo que decir que el ciclismo lo ha sido y es todo para mí. A día de hoy mi trabajo está relacionado con la bici, ya que trabajo enseñando a niños sobre seguridad vial, enseño a personas adultas a montar en bici, llevo un grupo de entrenamiento de chicas y asesoro a empresas que necesitan implantar servicios ciclistas en sus instalaciones.

Quiero dar las gracias a todas las personas que han tenido que ver con esta formación que he recibido en mi vida, y en especial a mis padres por haberme inculcado el valor del esfuerzo, compromiso y sacrificio que tanto me ha proporcionado. 

Autora: Erkuden Almagro.

 

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