Isabel Quevedo, del ciclismo de competición a Women In Bike

La historia de Isabel Quevedo no se entiende sin una bicicleta. La salmantina compitió durante años obteniendo importantes resultados. Ahora participa como voluntaria en el proyecto Women In Bike.

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Soy una de las líderes del proyecto Women in Bike y mi vida siempre ha estado vinculada al ciclismo. Empecé a montar en bici a los 14 años, en el año 1992. Mi padre montaba en bicicleta y mis tíos maternos habían sido ciclistas. En mi familia el ciclismo siempre se ha vivido muy de cerca.

Por aquella época, mi hermano Ángel Quevedo militaba en la Escuela del Grupo Ciclista Salmántica. Un día, al finalizar su entrenamiento, casualmente cogí su bici y di unas vueltas por el velódromo. Me gustaron las sensaciones y mi forma de pedalear; la soltura con la que, según dicen, movía la bici, gustó a los entrenadores, que me animaron a formar parte de la escuela ciclista.

Mi primera bici de carretera era de mi tío Paco San Máximo; me la regaló para que pudiese entrenar y correr en las carreras de escuelas. Dos años después, en categoría cadete, mi amiga, referente y consejera Dori Ruano, que corría con el Saunier Duval, me llevó a una carrera de chicas en Vizcaya. Gané la carrera y el Saunier Duval me propuso formar parte del equipo. Ir a correr carreras de chicas suponía una gran ilusión y mucho esfuerzo por los kilómetros que separaban Salamanca del norte de España, donde se celebraban las carreras de féminas.

En ocasiones iba con Dori en su coche, pero su calendario y el mío no solían coincidir, por lo que yo viajaba el viernes por la tarde en un autobús, sola con la bici a cuestas hasta la sede del equipo en Santander y desde allí, al día siguiente, viajaba al lugar de la carrera junto a otras chicas llegadas de otros puntos de la geografía española. El viaje de vuelta lo hacía sola, en tren o autobús, a veces tras esperar durante horas en una estación con 16 años, sin móvil ni forma de comunicarme con mi familia y una bici en una bolsa.

Fueron años bonitos de los que conservo buenos recuerdos y grandes amistades, pero no fue fácil ser ciclista. Cabe reseñar que, aunque el ciclismo en mi ciudad era un deporte de hombres y mi entorno veía extraño que yo fuese ciclista, para mí esto no fue un impedimento, pues los chicos ciclistas siempre me trataron con equidad. Mi motivación para ser ciclista era grande, pues pertenecía al equipo con más presupuesto del país, y aunque no tenía un sueldo, me proporcionaban todo el material necesario.

En categoría cadete gané algunas carreras, en junior conseguí la medalla de plata en el campeonato de España de carretera y bronce en contrarreloj individual, por lo que empecé a ir con la selección española a concentraciones, campeonatos de Europa y mundiales. Pese a las dificultades, estar en la Selección Española junto a los mejores y las mejores me suponía un extra de motivación para seguir siendo ciclista.

Aun obteniendo buenos resultados, nunca tuve ningún tipo de ayuda que motivase una dedicación más exclusiva al ciclismo de competición. Ya en amateur (aficionada se llamaba antes), las vueltas y competiciones a nivel nacional o internacional dificultaban mis estudios y a los 22 años tras una grave neumonía de repetición decidí dejar el ciclismo a nivel competitivo. Me dediqué a estudiar y dos años después, a los 24 años, aprobé la oposición de Magisterio. Creo que los valores de sacrificio, constancia y esfuerzo que aprendí con el ciclismo tuvieron mucho que ver en ese logro en particular y la forma de afrontar la vida en general.

Actualmente soy maestra de Educación Física y tengo la suerte de enseñar deporte cada día. El ciclismo sigue siendo muy importante en mi vida. Dirijo la Escuela de Ciclismo Salmantina formada por 32 niños y niñas desde los 6 hasta los 14 años, entre los que se encuentran mis dos hijos. Disfruto enseñando ciclismo a la vez que intento devolverle a este deporte todo lo que me ha aportado en la vida. Fomento en mis alumnos, y en los niños y niñas de la escuela de ciclismo, mi experiencia, el amor por el deporte y la importancia de una vida sana y los valores del deporte para afrontar el día a día.

Ser líder del proyecto Women in Bike me permite fomentar y hacer visible el ciclismo femenino, algo por lo que las mujeres ciclistas llevamos mucho tiempo luchando. Me parece increíble y me encanta ver tantos grupos de mujeres rodando juntas por los caminos y carreteras.

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