Margarita Tomé, una vida sobre ruedas

La historia con la bici de esta extremeña comenzó algo accidentada, pero, desde entonces, no ha parado de pedalear. Rutas cicloturistas, competiciones, y el proyecto Women In Bike han inundado de ciclismo la vida de Margarita Tomé.

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Os contaré que mi primer contacto con la bicicleta fue bastante accidentado. Tenía 12 o 13 años cuando un día una de mis amigas me dejo su bici. Yo nunca había montado en ninguna bicicleta antes. Me subí y me lancé calle abajo. Cuando la calle terminaba y no había manera de que aquello se parara (yo no sabía que tenía frenos), no se me ocurrió otra cosa que tirarme de la bici. Las consecuencias para una de mis rodillas fueron bastante desastrosas y, por supuesto, no se me ocurriría volver a intentarlo hasta pasados muchos años. 

Empecé de nuevo a utilizarla algunos días de verano para ir a bañarme al río Tiétar junto con mi pareja. Odiaba a la vuelta la cuesta de Valdecaballeros, que me hacía bajarme de la bici día sí y día también, pero con insistencia y paciencia conseguí hacerla por fin del tirón. ¡Menudo subidón! ¡Qué alegría más grande!

Un verano, así como la que no quiere la cosa, me propusieron hacer cicloturismo por Galicia, por sus rías. Fue algo que surgió sin apenas ‘preparos’, y casi con lo puesto. Este reto lo compartí con mi pareja, su hermana y la mía. Fue una aventura muy bonita. Salimos desde Santiago de Compostela con un mapa de los de papel de toda la vida, bomba, cámaras y parches; una tienda de campaña, un equipaje justito y algunas pesetas, ¡pocas!

Ni móvil, ni gps… Eso era desconocido para nosotros. Recuerdo una de las etapas “a Cañiza” en la que el tío del mazo, entonces pájara, me dio de lleno en medio de la Galicia más despoblada, o eso me pareció a mí. Y aquel par de huevos fritos que, entre moscas y olor a establo, nos preparó con todo su cariño y esmero en una casa de campo de una vaquería su dueño. Me dieron la vida. No se me olvidará nunca, ¡gloria bendita!

Recuperadas las fuerzas y recorrida Galicia, debió de sabernos a poco y decidimos, ya que estábamos, llegar hasta casa en bici. Y para abajo que tiramos, eso sí, combinando algún tramo subiéndonos al tren.

Luego aparecieron las primeras bicis de montaña y animada por mi pareja nos compramos un par de ellas y probamos en el campo, ¡muy duro, por cierto! Después, parón por embarazo y crianza, y vuelta otra vez al pedaleo. Salía por mi zona a veces sola, en pareja, o con algún amigo. Y un día animada por chicos que conocía de la bicicleta, me inscribí a una ruta organizada de BTT: “La Ruta de la Prehistoria”, en la que participé como única chica de casi 200 inscritos. Fueron 60 kilómetros que completé superando las dificultades como podía y comprobando que no fui la última en llegar a meta. La experiencia fue muy satisfactoria y con ella descubrí que tenía un sitio en el ciclismo de montaña; sufrí mucho, pero disfruté mucho más, y mereció la pena porque marcó un antes y un después en mi relación con la bici de montaña. Continué participando en otras rutas de BTT cicloturista, en muchas de ellas era la única mujer, pero como una más. Luego, poco a poco, se fueron incorporando otras chicas.

De estas buenas sensaciones y experiencias surgió otro de mis retos, sacarme la licencia y competir en el Open Maratón BTT de Extremadura, categoría Master 50 féminas. Sí, ya había cumplido los 50, ¡pero me sentía más joven que nunca!

He sido campeona del Open de Extremadura de BTT Maratón en los años 2015, 2016 y 2017, y dos del Circuito Copa Federación (2016-17), el primero compitiendo en solitario, y los otros dos con otras dos chicas de mi categoría. Y tercera en el 2018. ¡En el 2019 he sido campeona en máster 60! Este año haré lo que pueda, pero estaré ahí.

Con la bicicleta de carretera no he competido, pero también he tenido mis retos. Coroné alguno de los puertos míticos del ciclismo:  Stelvio, Gavia, Mortirolo en una primera escapada a los Alpes, y Alpe D´Huez y el Tourmalet en una segunda escapada alpina. Y en España el pico Veleta, la cima más alta a la que llegué en bici, entre otros.

En 2016, el dueño de la tienda de bicis Bikeshop Plasencia me propuso ser embajadora del ciclismo femenino en la zona, y montamos una primera quedada en la que para nuestra sorpresa participaron más de 20 chicas. A partir de ahí comencé a hacer quedadas para bici de montaña con el objetivo de salir con las chicas. En 2018 surge el proyecto Women in Bike, que me parece una gran idea, y al que me incorporé sin pensarlo dos veces, y con el que sigo colaborando. En el 2019 colaboro en la organización del primer y segundo Campus Femenino Valle del Jerte.

Me siento muy orgullosa de haber podido ver cómo ha ido creciendo el ciclismo femenino desde que me incorpore a su práctica. Y de formar parte del proyecto Women in Bike y comprobar que cada día somos más las mujeres que rodamos juntas. Estoy segura de que su influencia en la práctica del ciclismo tendrá efectos muy positivos en lo que supone la valoración y el reconocimiento de la mujer en el deporte.

Para mí la bicicleta es algo muy grande por lo que me aporta. Es mucho más que pedalear, pero solo pedaleando se puede comprobar. ¡La bicicleta es vida!

Autora: Margarita Tomé

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